Encuentros con Jesús · Juan 4:1–42

La samaritana

Agua viva para una mujer que lo había perdido todo.

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Era mediodía y hacía calor. Una mujer llegó sola al pozo, a la hora en que nadie más iba. Jesús, cansado del camino, le pidió agua, y empezó una conversación que nadie esperaba: un judío hablando con una samaritana, un maestro hablando con una mujer que cargaba con una historia difícil.

Jesús no la humilló ni la ignoró. Le habló de su sed más profunda:

“Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá á tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, para siempre no tendrá sed: mas el agua que yo le daré, será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.” (Juan 4:13–14)

Él conocía toda su vida, y aun así se acercó. Ella dejó su cántaro y corrió al pueblo: “Venid, ved un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿si quizás es éste el Cristo?” (Juan 4:29).

Para pensar: ¿De qué tienes sed hoy? Jesús te conoce por completo, y te ofrece agua viva.